Entrevista: Cristóbal Toral, pintor (para Diario SUR)

Fotos: artista

Cada vez que el trabajo se lo permite, Cristóbal Toral vuelve a Málaga a pasar unos días en la tierra a la que define como «una ciudad maravillosa, singular y con una gran oferta pictórica». Recientemente, el artista malagueño, con estudio en Madrid y Toledo -en los que almacena las famosas maletas que reflejan muchas de sus obras-, ha cumplido uno de sus sueños: tener un taller en Nueva York, algo que le hará permanecer en la ciudad que nunca duerme durante varias temporadas y que le podría dar la oportunidad de exponer allí sus nuevas obras. Antes de volver a la capital madrileña, nos encontramos con Toral en el ‘hall’ del Hotel Málaga Palacio para hablar sobre su visión del panorama artístico actual.

¿Siempre tuvo claro que quería dedicarse a la pintura?
Siempre lo tuve clarísimo. Fue una vocación innata. Crecí en el campo, donde había de todo menos pintura. Pese a ello, la vocación nació conmigo. Nadie en mi familia se había decantado antes por esta profesión, tampoco mis hijos. Tres de ellos estudiaron Derecho y el cuarto es periodista.
Artista, ¿se hace o se nace?
Para ser artista hay que tener vocación, como ya le he comentado, un talento especial, si no es imposible. La técnica puede aprenderse, pero si no se tiene esa chispa especial no se hace nada. Con el tiempo, el arte se ha acabado profesionalizando, sin embargo los verdaderos artistas a lo largo de la historia se cuentan con los dedos. Se tiene la chispa o no se tiene.
España siempre ha sido cuna de artistas. Desde su punto de vista, ¿hay apoyo a este sector por parte de las administraciones públicas?
Siendo realistas hay que reconocer que el arte nunca ha estado tan bien defendido como lo está en estos momentos. No sólo hay que hacer referencia a las administraciones públicas, sino también a las privadas. Se realizan ferias, muestras, exposiciones… Nunca el artista ha tenido tanto apoyo. Pese a ello, en los tiempos que corren, el número de artistas se ha multiplicado por mil, por lo que dar ayuda a todos ellos es una tarea muy compleja.
Entonces no sigue esa creencia popular de que para triunfar hay que salir fuera del país…
Sí, sí que es cierto que muchos se han tenido que marchar fuera para ver reconocido su trabajo. Aquí entran en juego muchos condicionantes, entre ellos el político, que complica el asunto. El mejor ejemplo lo tenemos en Pablo Ruiz Picasso. Si no se hubiera ido de España quizá no sería lo que es.
Libre expresión

En un mundo en el que todo está cada vez más politizado y se responde a intereses particulares, ¿es el arte el último resquicio real de libertad de expresión?

Debería serlo. Aunque nos encontramos en una democracia, tenemos una libertad castrada. Son grupos condicionados por intereses. Hoy en día, queda poca gente que pueda expresarse con verdadera libertad. En los periódicos, los partidos políticos e incluso entre intelectuales, las cosas han de decirse siguiendo una determinada dirección. Sólo algunos creadores pueden defender esa posibilidad de decir lo que creen que deben sin condicionantes de por medio. Éste es el valor más bonito que tiene un artista en un momento en el que la libertad está escandalosamente condicionada.
En el arte, ¿todo vale?
Existe un gran debate sobre qué es y qué no es arte. En los últimos años se están haciendo auténticas atrocidades en nombre de la vanguardia, tomaduras de pelo. Se ha llegado a una situación extrema muy peligrosa, donde da la sensación de que seguir pintando como los maestros tradicionales es una contradicción a los tiempos. A los artistas que tienen talento creativo les falta la técnica y a los que la dominan les ocurre lo contrario, y ambos se rechazan. Yo soy partidario de una visión equitativa. Lo ideal es conjugar lo mejor de los dos. Charles Saatchi decía que se puede disfrutar de una pintura del siglo XVII y de una que se terminó el martes pasado. No se puede despreciar.
¿Un artista ha de tener la mente abierta?
Sí, ha de estarlo para poder emocionarse ante diversas obras. Ésta es, además, una forma de enriquecimiento y de vivir el tiempo que te ha tocado vivir. Asumiendo lo que se hace en el presente y las obras del pasado.
¿Qué es arte?
Para mí el arte, la obra creativa, es aquella capaz de despertar una emoción en quien la observa. Un cuadro puede estar muy bien pintado, pero si no despierta un sentimiento o una emoción, no dice nada. Muchos artistas consiguen el éxito tras despertar controversia.
¿Cree que el artista ha de ser polémico?
No se debe olvidar que el artista siempre ha ido por delante de su época, por lo que siempre ha escandalizado. Unos de los primeros fue Diego de Velázquez con su ‘Venus en el espejo’. Escandalizar es una de las cosas más explotadas por las nuevas tendencias.
Usted fue el encargado de realizar el cartel de la Semana Santa de Málaga en 2004 y éste fue también muy polémico, ¿buscó esa controversia?
Las cosas no se pueden hacer forzadas porque no son auténticas. Hay que hacer lo que se siente de verdad, si eso produce controversia ya no es problema tuyo. El cartel, en el que el Cristo está tumbado sobre una cama de maletas y en el que hay heridas de bala no tenía nada que ver con los carteles tradicionales.
¿Qué quería reflejar con él?
La época en la que lo hice, fue una época en la que murieron muchísimos inmigrantes que viajaban en pateras hacia nuestro país con el noble objetivo de conseguir un trabajo. Ese Cristo sobre maletas pretendía homenajear a estas personas. Las heridas de bala hacían referencia a las ejecuciones que aún se siguen realizando en pleno siglo XXI. Como seres humanos hemos avanzado mucho, pero la crueldad del hombre sigue como en los primeros tiempos, era algo que quería denunciar.
¿Por qué maletas?
El artista ha de ser testigo de su época. En esta que nos ha tocado vivir hay maletas por todas partes. Nunca se ha viajado tanto como ahora, migraciones, éxodos… Como artista lo recojo. Todo aquello que conlleva el tránsito. La vida es tránsito. Creo que la maleta es el mejor símbolo para representarlo, además tienen mucha belleza.
Usted tiene cientos de maletas en sus estudios, ¿de dónde las saca?
Del mercadillo de Madrid, de los contenedores y de buenos amigos que entienden mi obsesión por las maletas.
En la exposición itinerante que realizó en Valencia hace un tiempo, ‘Viaje ininterrumpido’, había instalaciones y esculturas además de pinturas…
Sí, también hago escultura. Un ejemplo de ello es la escultura de siete metros que está en la estación de Santa Ana. Las instalaciones de la muestra de Valencia se realizaron a partir de los modelos que empleo para determinar la posición de las maletas en los óleos. Quise mostrar esos modelos y darles forma para que también tuviesen cabida en la exposición.
Además de la pintura, ¿tiene alguna otra pasión?
Me gusta mucho escribir. Seguramente si me dedicara más a ella dejaría más apartada la pintura.
Escribió su autobiografía ‘La vida en una maleta’ en el año 2003 y dejó en el aire la opción de hacer una segunda parte. ¿Está trabajando en ello?
No, ahora mismo no me apetece una segunda parte. Si escribiera otro libro no seguiría la misma línea que el primero. Lo haría de reflexiones propias. Sobre mi visión sobre el arte.
Inspirado en la ingravidez
 
¿A qué se habría dedicado de no ser pintor?
Habría sido astronauta. Tengo cierta obsesión por el espacio. Hasta hace no mucho tiempo pensábamos que el espacio era simplemente aquello que estaba ahí arriba, independiente a la Tierra. Tras las fotos enviadas por astronautas, está claro que vivimos en el espacio. La Tierra es un planeta que está suspendido en él, por lo que nosotros también lo estamos. Ese concepto de ingravidez ha influido en mi obra, especialmente en mis bodegones. El lienzo se configura como un concepto espacial abierto, en el que no hay el temor de que lo que en él dibuje se caiga.
Además, también pinta retratos…
En realidad pinto muy pocos y sólo a amigos. Me tienen que insistir mucho. Hay algunos que me lo han pedido y no han conseguido convencerme… ¡Aún no me lo perdonan! (Risas). He hecho retratos de personajes como Gerardo Diego o Félix Rodríguez de la Fuente. El problema que tienen los retratos es que nos creemos más guapos de lo que realmente somos. Con los años me he dado cuenta de que los hombres son mucho más coquetos que las mujeres, y eso te fastidia la inspiración.
¿Qué le inspira?
Hay dos fuentes de inspiración fundamentales. La realidad es una de ellas. No hay nada más misterioso, más poético, que la realidad. Todo es tan magnífico que cuando ves dónde se basa la inspiración de ciertos artistas, te produce cierta decepción. Aquellos que se inspiran en el éxito de otros están copiando sin querer asumirlo. Creo que el mundo hay que verlo sin interferencias. Otras fuentes de inspiración son las grandes obras del arte del pasado y de los más importante que se ha hecho en las vanguardias del siglo XXI.
Lee la entrevista en Diario SUR – 2010