Crónica: Napoleón Solo

¿Tendría mujer e hijos? ¿Sería de algún pueblo perdido de la Alpujarra? ¿A qué habría dedicado su vida? ¿Sería panadero, maestro o un recto abogado? Nadie lo sabe. Nada se conoce de la vida de Máximo Ruiz Ferrer y, sin embargo, el pasado sábado decenas de personas se reunieron en la Sala El Sol de Madrid para rendirle homenaje, y de los buenos. Uno de esos en los que suena la música, la gente baila y corea alegremente, mientras corren litros de cerveza. ¿Los responsables?, Napoleón Solo, que arrancaban en la capital la gira que les llevará por buena parte de la geografía española para presentar en directo su nuevo trabajo de estudio.

Con impuntualidad suiza, a las 22:30h, se apagaban las luces y los de Granada salían a escena. Una intro pregrabada de ráfagas y aplausos anunciaba el comienzo del homenaje y el estimable se ponía en sus puestos. “Antes de que ocurriera”, “Si el mundo se nos acaba” y “El intercambio” fueron los tres temas escogidos para dar la bienvenida a los asistentes antes de meterse de lleno en el asunto que les ocupaba.“Ahora tenemos que sincronizar nuestros cerebros y nuestras conciencias para que aquí aparezca Máximo”, apostillaba Alonso, vocalista, instantes antes de desgranar sobre el escenario los diez cortes que componen Máximo Ruiz Ferrer. El cuarteto venía a contar la historia de este personaje real o de ficción y, como tal, lo hacía siguiendo el tracklist del disco. Porque las cosas hay que contarlas en orden. Así, los ritmos oscuros de “Matamuertos y la cruel” daban el relevo a “Pequeña canción del espacio”, “Las cinco como siempre”, “Del amor perdido” y “Llegó el verano”.

“Máximo mandó una carta a la que pensaba que era su esposa y que, al final, nos llegó a nosotros. Es la carta de Emilia y Pepe”. Llegaba el turno de “Emilia y Pepe”, canción en la que se aprecia de manera más clara la influencia que la música popular española ha tenido en este disco, y en la que Jose, bajista del grupo, pasaba de hacer los coros a convertirse en la voz principal. En “Sebastián”, el cuarteto granadino dejaba clara su capacidad instrumental, con unas melodías que crecían en intensidad y fuerza, apoyadas por el rugido de las guitarras y el golpe incesante en la percusión. “Yuliana, Juliana”, dedicada a todos los que venían desde lejanas tierras para disfrutar del concierto, “Saltando hacia afuera” y “La leyenda de la persona libre”, ponían el punto y final al homenaje al gran (o no) Máximo Ruiz Ferrer, pero el punto y seguido a la noche.

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novemagazine – 2015