Crónica: Baths + Austra

El ciclo 981Heritage, que recientemente anunciaba su despedida de los escenarios de A Coruña, sigue organizando grandes conciertos en Madrid y Barcelona. La última entrega del festival tuvo lugar el pasado miércoles en la sala Shôko de Madrid, donde decenas de personas se congregaron para ver el directo de Austra y Baths, que se estrenaba por primera vez en nuestro país como telonero de los canadienses.

Pasadas las 22h, aparecía Baths sobre el escenario con un Will Wiesenfeld ataviado con unos shorts para correr y una camiseta de tirantas gris (a lo Michael Cera en ‘Juno’ para haceros una idea), ajeno al frío que desde la semana pasada azota la capital. Como ya hemos comentado, este era el estreno de Wiesenfeld en los escenarios españoles, y para semejante ocasión el de California quiso acompañarse de un amigos suyo canadiense para ayudarle con la mesa de sonidos, los coros y la ocasional guitarra.

Baths arrancaba su concierto con el tema Miasma Sky, extraído de su último trabajo de estudio, Obsidian, que desgranaría casi al completo en sus más de 45 minutos de actuación con temas como Ironworks, Pahedra y No Past Lives, que intercalaría con canciones procedentes de su discos anteriores, como Animals.Musicalmente, la actuación del showman estadounidense fue impecable (destacando sus intervenciones al piano), aunque a nivel vocal llegara a sonar estridente, expulsándonos por momentos de la atmósfera casi mística que consiguieron crear con su música folkielectrónica, a ratos con tintes hardcore y a otros excesivamente naïf.

El concierto llegaba a su fin y Baths se despedía de un público poco agradecido, que premió su debut prestando más atención a la conversación con el de al lado que a lo que estaba ocurriendo sobre el escenario -había momentos en los que el murmullo del foso llegaba a elevarse por encima de la música-. Pese a todo, Wiesenfeld interpretó dos canciones más a modo de bis: Plea, extraída de Cerulean (2010) yNo eyes de su último trabajo.

A continuación llegaría el turno de Austra. Los de Canadá volvían a Madrid después de pasar por la capital el pasado julio con su segundo disco, Olympia, recién salido del horno. Sombrillas de luz para jugar con los ritmos, ropa de brillantes y lentejuelas e imágenes egipcias ritualistas fueron los puntos claves de una buena puesta en escena que inevitablemente quedó en segundo plano frente a la actuación de la vocalista Katie Stelmanis.

El ahora cuarteto comenzaba su retahíla con What we done?, corte de su segundo álbum de estudio, para continuar con Painful Like Forgive me, del que recientemente estrenaban el videoclip -algo subidito de tono, por cierto- y con el que empezaron a caldear el ambiente, que hasta el momento se había mantenido frío, con un público aún distraído. Y eso que, desde el principio hasta el final del concierto, Stelmanis se mostró muy entregada. No paró de ir de un lado para otro con sus ya característicos, y algo místicos, movimientos sobre el escenario y de interactuar con el respetable acercándose en numerosas ocasiones a las primeras filas.

Tras desgranar Olympia y parte de su ópera prima, Feel it break, con Home, Lose it, Spellwork y Hurt me now, entre otros, Austra anunciaban el final de su concierto con la explosión de Beat And The Pulse, sin duda el tema enérgico de la noche, que convirtió el foso de la sala Shôko en una auténtica pista de baile.

Katie Stelmanis, la baterista Maya Postepski, el bajista Dorian Wolf y el teclista de la banda (con nombre desconocido, de momento) se retiraban del escenario para volver minutos después a hacer el clásico bis que, a diferencia de lo que hicieran la noche anterior en Barcelona, contó con tres temas en lugar de dos. Un buen concierto con el que se metieron al público madrileño en el bolsillo, dejándolo con ganas de más. Habrá que esperar a verlos de nuevo, quizá el próximo verano en algún festival, ¿quién sabe?

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